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A veces es bueno cambiar una tradición (o la historia de cómo no morir de sueño)

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5 de Abril 2017
Sofía Martin

“Aquí la perseverancia inútil te dejará con un lindo título para tu biografía, pero con estudiantes a los que fuiste incapaz de extraer lo mejor de sí”. Hagamos un ejercicio tipo Gestalt. Estás en un aula universitaria. Es temprano en la mañana y tienes sueño; es después de almuerzo y tienes sueño; es última hora […]

“Aquí la perseverancia inútil te dejará con un lindo título para tu biografía, pero con estudiantes a los que fuiste incapaz de extraer lo mejor de sí”.

Hagamos un ejercicio tipo Gestalt. Estás en un aula universitaria. Es temprano en la mañana y tienes sueño; es después de almuerzo y tienes sueño; es última hora de la tarde y tienes sueño. Y hay un señor o una señora parados allá adelante recitando (o leyendo) las clasificaciones, requisitos y características de alguna institución jurídica que —tienes la absoluta convicción— lamentarás no haber escuchado con atención.

Pero ¿el problema es tu falta de interés? ¿tendrán los profesores hijos como tú? ¿cómo no van a saber que a través de ejemplos absurdos, casos reales, trozos de películas, hasta lo más complejo se hace sencillo?

En otras palabras: ¿soy yo el estudiante poco comprometido o eres tú el profesor aburrido?

Si la experiencia te suena familiar, son miles los abogados que desde hace décadas transitan por esta realidad, sin que las técnicas de enseñanza perfeccionadas en otros puntos del planeta hagan mella alguna en nuestra “tradición” docente de la clase magistral.

No toda tradición es buena. Si crees que estás llamado a la pedagogía universitaria en Derecho y siempre has soñado con hacer una excelente clase magistral, piénsalo. Se honesto contigo mismo y con los estudiantes que aprenderán de ti por años.

Y si das algunas clases y te das cuenta de que no tienes dedos para el piano, renuncia: es un acto de valentía.

Aquí la perseverancia inútil te dejará con un lindo título para tu biografía, pero con estudiantes a los que fuiste incapaz de extraer lo mejor de sí.

Pero si ves día a día cómo tus alumnos juegan con el celular, rayan el cuaderno o pasan la hora mirando por la ventana y no tienes el coraje de dejarlos, entonces estudia. No importa la edad que tengas: toma cursos por internet, contrata un coach o ándate a hacer un semestre al extranjero y capacítate. La pedagogía, así como la comunicación efectiva, hablar en público o motivar son habilidades que hoy se pueden aprender.

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* Sofía Martin Leyton es abogada de la Universidad de Chile y Magíster en Periodismo UC-El Mercurio.