Articulos / Revista

Arte
Picasso: Periodos Azul y Rosa Pobreza, soledad y melancolía

28 de agosto 2018


Con más de 16.000 obras, Pablo Ruiz Picasso es universalmente reconocido como un genio creador. Nació en Málaga, España, en 1881 (siete años después de la primera exposición impresionista). Su padre, profesor de dibujo y pintor de palomas, fue su primer gran referente y quien lo llevó por el camino del arte. Ya a los ocho años Picasso produce su primer óleo, “El picador”, y rápidamente en obras de juventud como “La primera comunión” y “Ciencia y caridad” demostrará su dominio absoluto del estilo académico, siendo llamado por sus pares pintores “prodigio”.


Antes de los 20 años absorbe todas las tendencias artísticas (clásicas, manieristas, impresionistas, post impresionistas, arte fenicio y escultura gótica, entre otras), y es a partir de ellas que inicia su propio camino de ambiciosa exploración estilística, hasta inventar el Cubismo con las “Señoritas de Avignon” en 1907, inspirado en el primitivismo y esquematización geométrica de unas máscaras africanas. Este momento constituirá el punto de partida de las vanguardias artísticas del siglo XX. Picasso decía: “El arte no es la aplicación de un canon de belleza, sino lo que el instinto y el corazón ven más allá de cualquier canon”.


Las líneas a continuación serán dedicadas a las etapas Azul y Rosa -primeros estilos propios picassianos, anteriores al Cubismo-, en las que sobre bases cromáticas tan opuestas se logra la expresión de una idea común y transversal a ambos periodos: la fragilidad humana. No vinculemos a Picasso solo con la fragmentación de la realidad.


Marcará el inicio del Periodo Azul (1901 – 1904), la profunda tristeza de Picasso originada por el suicidio de su querido amigo y poeta Carlos Casagemas, compañero de aventuras en Barcelona y París. Años más tarde Picasso declarará: “Fue pensar en la muerte de Casagemas lo que me hizo empezar a pintar en azul”, color simbólico de la noche, la profundidad y melancolía.


Por aquellos años tomará contacto con personas marginadas de la sociedad, mendigos, borrachos, huérfanos, prostitutas, habituales en calles y tabernas de las grandes ciudades. Es amante de las conversaciones de café y de la poesía (traba amistad con Guillaume Apollinaire), pero necesita trabajar en la soledad de la noche hasta las 6:00 am (duerme de día en la cama que comparte con el poeta Max Jacob). El abatimiento moral, el sentimiento de desolación de sus personajes, lo transmite mediante rasgos ligeramente alargados, a la manera de El Greco (a quien había estudiado en Toledo) y a través de la reducción radical del color, utilizando distintos tonos de azul (cielo, añil, marino, ultramar).


La ceguera es asunto recurrente en Picasso (“Viejo guitarrista ciego”, “La celestina”). En “La comida del ciego” (1902- 1903), que podemos observar aquí, la mirada completamente azulada de Picasso nos permite compartir el ensimismamiento del personaje y relevar el sentido del tacto. La intensidad emotiva de los lienzos de esta época tiene cierta influencia de Van Gogh y la demarcación lineal de los contornos recuerda a Gauguin. De nuevo la pobreza y la soledad subyacen como tema en “La sopa” (1903), donde una madre apesadumbrada se inclina para dar un cuenco de sopa a su hija, como si fuera un verdadero tesoro.


En 1904 Picasso conoce a los millonarios americanos Gertrude y Leo Stein, quienes le compran parte de su obra. Estilísticamente, el Periodo Rosa (1905 – 1906) se carac- teriza por líneas más suaves, colores pastel y el predominio de tonalidades rosáceas. Instalado definitivamente en París (Montmartre), en su taller del Bateau-Lavoir Picasso conocerá casualmente a su primer gran amor, Fernande Olivier. Se siente más positivo, pero la temática continuará vinculada a personajes desarraigados, pertenecientes ahora a la bohemia circense, como saltimbanquis, acróbatas y arlequines, a quienes visitaba frecuentemente en el Circo Medrano. El sustrato principal sigue siendo la melancolía existencial, aunque más dulce y cargada de cierta afectividad. En “La familia de saltimbanquis” (1905) observamos vidas solitarias, siendo los personajes una familia no parecen comunicarse entre ellos; asoma la tristeza típica de arlequines y bufones como los ya pintados por Watteau y Honoré Daumier. La obra “Acróbata con balón” (1905) muestra algo de alegría en un contexto de vasta desolación. “Artistas (madre e hijo)” (1905) pone en relieve el cansancio y nuevamente la soledad, quizá la línea conductora de ambas etapas Azul y Rosa. El marchante Ambroise Vollard se interesa por estas obras y adquiere en 1906 la mayor parte de los lienzos del Periodo Rosa.

Fuente: Revista del Abogado N° 73