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Cine
“Una peliculita” (“La librería”)

28 de agosto 2018


Desesperado por la pobreza de nuestra cartelera local, y sintiéndome desmotivado a comentar otra película más del “Infinito Mundo de Marvel”, acudo a la única opción disponible: “La Librería”, una película ambientada en Inglaterra en el año 1959. Esto es ideal para los fanáticos de Downton Abbey y de toda película inglesa de época. Es más, es tal la perfección que alcanzan las realizaciones inglesas en esta materia, que estoy convencido que “ambientación de películas inglesas” es ya un título de postgrado en las escuelas de cine. A pesar que la cinta está filmada en Irlanda, la inversión en tazas de té, chalecos gruesos, estufas a parafina, tardes en el sofá y personajes excéntricos no dejan dudas de que estamos en Inglaterra y que debemos mantener un “stiff upper lip” durante toda la proyección.


La ávida lectora y viuda Florence Green (Emily Mortimer) abre una librería en el pueblo costero de Hardborough, renovando la llamada “Old House”, una casa antigua y abandonada. Como es de prever, una iniciativa de este tipo en un pueblo pequeño (aunque pre-internet) tiene un resultado regular, pero eso no impide a Florence el formar una amistad con el recluso local Edmund Brundish (un súper británico Bill Nighy), cuyo desprecio por la comunidad lugareña es solo equiparado por su intenso entusiasmo por las obras de Ray Bradbury. A las ya frágiles posibilidades inherentes de sacar adelante esta iniciativa en Hardborough, se agregan las artimañas de Violet Gamart, líder de la comunidad local, que tiene en vista otro destino para “Old House”, en vista de lo cual utilizará sus no escasos recursos e influencias para convertirla en un centro municipal para las artes.


Ahí está planteada la trama. Nuestra heroína intentará sacar adelante su librería, enfrentando fuerzas muy superiores. Pero donde su directora, la catalana Isabel Coixet, podría haber tomado un tono liviano, haciendo una reflexión sobre la condición humana que se refleja en este microcosmos de Hardborough (pensemos en “Local Hero”, de 1983, o “Waking Ned”, de 1998), ha pretendido darle a este pequeño episodio una resonancia y profundidad que no se compadece con el tono y ritmo de la película.


La cinematografía de Jean- Claude Larrieu presenta una Inglaterra de posguerra adecuadamente gris y sombría que ansía las libertades expresivas de Philip Larkin, Kingley Amis y sobre todo de la muy escandalosa “Lolita” de Vladimir Nabokov, que se acumulan en la librería de Florence. Las apacibles tomas del paisaje costero armonizan perfectamente con la aproximación “acogedora” de Coixet, en la que las emociones siempre están latentes, y se prefieren las conversaciones educadas aderezadas con una intención pasiva-agresiva (para muestra la conversación introductoria entre Violet y Florence). No hay duda que una revolución se está gestando en algún lugar, quizás incluso en la Inglaterra de 1959, pero no por cierto en Hardborough.


Florence quiere abrir un mundo de emociones e ideas en su pequeño pueblo, y su historia quizás revela la tiranía de la discreción, del comidillo y de las buenas maneras de la burguesía inglesa que impide el cambio. El espíritu rebelde y valiente de Florence, arde debajo del acogedor cobertor que proporciona esta película, impidiéndonos sentir junto a su heroína el ardor de su fervor por su modesta causa.


No recomendada para personas que no tengan tiempo para detenerse a oler flores y a mirar barcos pasar por la línea del horizonte.

Fuente: Revista del Abogado N° 73