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Fracasos célebres

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26 de septiembre 2017

A quienes son estudiosos de la historia universal siempre les ha llamado la atención la existencia de célebres personajes, algunos incluso geniales, que en algunas etapas de su vida han experimentado serios fracasos en sus respectivas actividades, ya sea en el campo científico, político, militar, filosófico o artístico. Sin embargo, a pesar de ello su […]

A quienes son estudiosos de la historia universal siempre les ha llamado la atención la existencia de célebres personajes, algunos incluso geniales, que en algunas etapas de su vida han experimentado serios fracasos en sus respectivas actividades, ya sea en el campo científico, político, militar, filosófico o artístico. Sin embargo, a pesar de ello su aporte a la humanidad ha sido absolutamente invalorable.

Paradigma de ello son, entre tantos otros, casos como los siguientes. Albert Einstein, inventor de la Teoría de la Relatividad y Premio Nobel de Física en 1922, e incluso un buen violinista, fue reprobado en sus estudios en su niñez y adolescencia, al punto de ser calificado casi como un retardado mental. De igual forma, Thomas Alva Edison, uno de los más famosos inventores de todos los tiempos, creador de la lámpara de filamento incandescente y el fonógrafo y de mejoras en el cinematógrafo, también experimentó en su juventud serias descalificaciones relativas a su supuesto retraso intelectual, habida consideración de su pobre desempeño en los estudios.

Por otra parte, en el campo político militar, grandes estadistas y gobernantes, como Ramsés II, Alejandro Magno y Julio César, entre otros, incluido Napoleón con su Waterloo, también tuvieron en su oportunidad que aceptar inesperadas y graves derrotas.

Desde otro punto de vista y ya en lo referido a las manifestaciones artísticas, son conocidos algunos fracasos de célebres literatos, pintores y músicos, a quienes sin embargo la posteridad les ha entregado una muy merecida fama.

Así sucedió, por ejemplo, con el escritor y poeta norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1949), el checo Franz Kafka (1883-1924), el francés Marcel Proust (1871-1922) y el británico Rudyard Kipling (1865-1936), Premio Nobel de Literatura en 1907.

En el campo de la pintura, son innumerables los casos de pintores que siendo excepcionales artistas, solo fueron reconocidos como tales a edad muy avanzada o simplemente después de muertos. Así ocurrió con la obra de Vincent Van Gogh, neerlandés (1853-1890), postimpresionista, considerado como uno de los genios de la pintura de todos los tiempos, quien pintó más de ochocientos cuadros, de los cuales pudo vender solamente uno de ellos.

A su vez, las obras de otros insuperables pintores, integrantes del movimiento francés denominado “impresionismo”, como Edouard Manet (1832-1883), Claude Monet (1840-1926), Auguste Renoir (1841-1919), Camile Pisarro (1830-1903) y Alfred Sisley (1839-1899), fueron inicialmente rechazadas por el jurado del Salón de París de 1863, razón por la cual, y solo tras la intervención de Napoleón III, fueron expuestas en un anexo al salón oficial.

Para finalizar este recuento de los grandes fracasos del pasado, esta vez relacionados con la música selecta, es del caso recordar que, aunque parezca increíble, dos de las óperas más interpretadas en la historia, “La Traviata” de Giuseppe Verdi (1813-1901) y “Carmen” del francés George Bizet (1838-1875), constituyeron tanto en su estreno como en sus inicios el más absoluto y rotundo descalabro.

“La Traviata”, estrenada el 6 de marzo de 1853 en el Teatro La Fenice de Venecia, se basa en la novela de Alejandro Dumas hijo, “La Dama de las Camelias”, la cual narra la airada vida real de una famosa cortesana de nombre Marie Duplessis, fallecida cinco años antes de dicho fallido estreno. La razón del citado fiasco no se debió a la calidad de la música del gran Giuseppe Verdi, sino al deficiente montaje y a la falta de valores morales de la obra misma, según los criterios de aquella época.

A su vez, y por similares motivos, el estreno el 3 de marzo de 1875 de la muy famosa ópera “Carmen” de George Bizet, basada en la novela homónima del literato francés Próspero Merimé, fue un desastre rotundo del cual nunca se pudo recuperar tan destacado compositor, quien falleció el 3 de junio de 1875. Esto es, solo meses después del malhadado estreno de dicha ópera.

Sin perjuicio de existir otros casos de óperas que en sus inicios fueron también un desastre, incluso nada menos que las primeras de Richard Wagner (1813-1883) -tal vez el más grande y completo de los compositores de ese género musical-, y las de Franz Schubert (1797-1828) -que eran realmente mediocres-, hubo obras sinfónicas cuyos estrenos causaron escándalo. Unas, por su deficiente calidad, y otras por su chocante novedad musical. En la primera situación se encuentra la Sinfonía Nº1 del compositor, pianista y director de orquesta ruso Sergei Rachmaninov (1873-1943), cuyo estreno el 28 de marzo de 1897, en San Petersburgo, fue tan desastroso que le causó al autor una crisis nerviosa de tal naturaleza que le impidió toda actividad musical durante un largo tiempo. Solo se recuperó de ella mediante un tratamiento de hipnoterapia, lo que le permitió componer uno de los conciertos para piano y orquesta más famosos de todos los tiempos, cual es el Nº2, estrenado en 1900.

Finalmente, y como un verdadero paradigma del caso de una obra musical que causó un escándalo realmente histórico -no por su deficiente calidad, sino por su sorprendente, novedosa e insólita música- cabe señalar el estreno del ballet y obra de concierto orquestal “La Consagración de la Primavera”, del compositor ruso Igor Stravinsky (1882-1971), efectuado el 29 de mayo de 1913 en el Teatro de los Campos Elíseos en París. Ocasión en que mientras una parte del público aplaudía, otra tanto abucheaba y golpeaba, impidiendo el normal desarrollo de dicha función.

Esta obra, no obstante lo anterior, ha sido considerada como la de mayor importancia del siglo XX, pues cambió radicalmente el lenguaje musical de todos los compositores de las épocas anteriores, influyendo decisivamente en otros genios como Claude Debussy, Maurice Ravel, Eric Satie, Bela Bartok, Sergei Prokofiev y muchos otros.

Así entonces, a pesar que los grandes científicos, guerreros, literatos, pintores y compositores musicales a los que hemos aludido precedentemente han experimentado ocasionales fracasos, todos ellos han dejado para la posteridad la impronta de su absoluta genialidad, lo que los transforma en seres irrepetibles para la historia de la humanidad.