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Música
Astronomía y música lunar

16 de septiembre 2019

Con motivo de la celebración del aniversario del día en que el ser humano arribó por primera vez a la Luna, 20 de julio de 1969, conmoviendo al mundo entero, cientos o miles de manifestaciones se han producido en distintos países del orbe, conmemorando esta hazaña espacial considerada por nuestros antepasados como algo absolutamente inalcanzable. Y esto es así, toda vez que el hombre desde los albores de nuestra civilización siempre ha dirigido su mirada al cielo, contemplando extasiado los diversos fenómenos y objetos espaciales, tales como estrellas, cometas, planetas y, por sobre todo, gozando del calor y luminosidad del Sol y de la romántica brillantez de la Luna. Todo lo anterior originó que las más antiguas civilizaciones, tales como la de los sumerios, egipcios faraónicos, griegos y romanos, destinaran largas jornadas de estudio al respecto, las que en definitiva devinieron en diversas conclusiones físicas, matemáticas e incluso filosóficas. Así incluso se crearon cultos religiosos y se engendraron las bases de la que hoy conocemos como la disciplina denominada astronomía, ciencia que se ocupa del estudio de los cuerpos celestes del Universo y que trata de develar sus insondables misterios. Al respecto, podríamos recordar, entre tantos otros, a los antiguos matemáticos Eratóstenes, Arquímedes, Euclides y Pitágoras; los filósofos Sócrates, Platón y Aristóteles, y físicos como los geniales Copérnico, Kepler, Newton, Einstein y, por cierto, Stephen Hawking. Pues bien, y sin perjuicio de que en otras manifestaciones artísticas del quehacer humano, llámense pintura o literatura, existan obras relacionadas con los fenómenos astrales, y en particular con la Luna, estimamos que es precisamente en la música selecta en la que podemos encontrar su mayor influencia como fuente indispensable de inspiración para sus creadores. Prueba de lo anterior lo constituye el hecho de que célebres compositores musicales han incluido entre sus obras más afamadas aquellas influidas precisamente por el silencio de la noche y la brillantez lunar. Es el caso, por ejemplo, de la conocidísima sonata para piano llamada “Claro de Luna” del egregio Ludwig Van Beethoven (1770-1827). Si bien su título no es original del autor, sino del poeta Ludwig Rellstab, esta composición sí correspondía a la influencia que ejercía dicho astro sobre este genial músico. Otra composición de similar denominación y fama es el “Claro de Luna” del excepcional autor impresionista Claude Debussy (1862-1918), incluida en su Suite Bergamasque, la que atendida su sublime musicalidad y no obstante haber sido compuesta para piano, es frecuentemente interpretada en versión orquestal o en arpa o violín.A su vez, y siempre entre las obras con fuerte influencia lunar, se suele incluir en ellas los hermosos “Nocturnos para Piano” del notable Frederic Chopin (1810-1849), composición ultra romántica, destinada a ser interpretada en la serenidad de la noche y su silencio, y en contemplación de la Luna misma.
Planetas bautizados en honor a músicos En el campo operístico, es dable recordar que también existen en él diversas composiciones de excelentes músicos en las que también aparece la impronta lunar. Es el caso de la ópera “El Mundo de la Luna”, escrita en el año 1777 por el célebre Franz Joseph Haydn (1732-1809); y en tiempos más modernos, la pequeña ópera “La Luna”, compuesta por Carl Orff (1895-1982), autor también de la archiconocida “Carmina Burana”, y creador además del Método de Enseñanza para niños de su mismo nombre. Otra ópera de similar inspiración es la denominada “Las Excursiones del Sr. Broveck”, del checo Leos Janacek (18541928), en la que se narra un supuesto viaje a la Luna, efectuado con el propósito de obtener una autorización matrimonial, con engaño del gruñón e ingenuo padre de la respectiva novia. Asimismo, y siempre en relación a la música astral, no podríamos dejar de señalar la muy popular obra “Los Planetas”, del autor británico Gustav Holst (1874-1934), suite sinfónica de repertorio habitual de las mejores orquestas europeas y norteamericanas. Para concluir, estimamos del caso agregar que en virtud de una convención llamada Unión Astronómica Internacional, formada por astrónomos y científicos de todo el mundo con sede en París, es una costumbre inveterada que cada vez que se descubre algún nuevo cuerpo astral, se le designe a este un número determinado, acompañado con el nombre de su descubridor o de algún personaje real o ficticio de relevancia en la historia de la humanidad. En este sentido, y en lo que nos interesa, existen innumerables cuerpos astrales que han sido bautizados con el nombre de músicos famosos, desde Claudio Monteverdi hasta nuestros días, incluyendo por cierto a Bach, Vivaldi, Haendel, Haydn, Mozart, Beethoven, Chopin, Schuman, Schubert, Mahler, Debussy, Wagner, Verdi, Stravinski y muchos otros. Finalmente, y a guisa de colofón de todo lo anterior, y en particular de la llegada del hombre a la Luna, nuestros distinguidos colegas recordarán que los egregios profesores de derecho civil otrora enseñaban al tratar las llamadas obligaciones condicionales que, de acuerdo a lo establecido en el artículo 1473 del Código Civil de don Andrés Bello, dichas obligaciones dependían de una condición. Esto es, un acontecimiento futuro que puede suceder o no, y que, según su artículo 1475, dicha condición debía ser físicamente posible, siendo físicamente imposible la que es contraria a las leyes de la naturaleza física. Al efecto, citaban como un ejemplo paradigmático de ello la expresión “cuando el hombre llegue a la Luna”, la cual hoy en día obviamente constituye solo un simple recuerdo del pasado.

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Fuente: Revista