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Cine
Una película fantástica (COCO)

22 de mayo 2018

Ahí lo tienen. Una película  de  “monitos  animados” es la más vista de la historia en Chile, reuniendo más de 2 mi- llones cien mil espectadores. Uds. habrán oído quizás más de una vez que la “formula” Disney es siempre la misma, un niño que debe vencer los obstáculos para pasar de la niñez/adolescencia a […]

Ahí lo tienen. Una película  de  “monitos  animados” es la más vista de la historia en Chile, reuniendo más de 2 mi- llones cien mil espectadores. Uds. habrán oído quizás más de una vez que la “formula” Disney es siempre la misma, un niño que debe vencer los obstáculos para pasar de la niñez/adolescencia a la adultez. Cierto. De hecho, podría decirse lo mismo de todas las películas  cuando  son reducidas a sus esencias: “en todas las películas de detectives hay que resolver el asesinato”. Ahora bien, es muy distinto contarlo como lo hace “Miami Vice” (2006), a como lo hace “Chinatown” (1974). ¿Qué hace la diferencia entre una y otra? Veamos.

Héctor Rivera (Gael García Bernal), tatarabuelo de Miguel (Luis Ángel Gómez), abandonó a su mujer, Mamá Imelda (Angélica Vale) y a su hija Socorro Rivera -“Mamá Coco”- (Elena Poniatowska), quien da el nombre a la película, optando por una vida de músico itinerante, sin que la familia nunca más supiera de él. En reacción a lo anterior, la familia Rivera ha prohibido la música para siempre en su casa, y optado por el oficio de zapatero como un medio de sustento que los mantiene unidos y satisfechos. Sin embargo, el talento musical de Miguel es algo que este no puede reprimir, por lo que ha decidido participar en un concurso de talentos que   se desarrollará en el Día de los Muertos en su pueblo natal. En su desesperación por no contar con una guitarra, roba la existente en el cementerio del pueblo, dentro del mausoleo dedicado al cantante e Hijo Ilustre del pueblo, el gran Ernesto de la Cruz. El robo desencadena un hechizo que traslada a Miguel al mundo de los muertos, desde donde lucha por regresar a nuestro mundo.

El argumento central que recorre Coco es la tensión entre el legado familiar, y si las ambiciones personales pueden coexistir al tiempo de seguir honrando a nuestros ancestros. Sin embargo, todo se resuelve (es una película Disney al fin y al cabo) magníficamente, logrando armonía entre los dos extremos en tensión. Ello, gracias a que una fotografía (una imagen fija en un instante en el tiempo) demuestra al final de la película (una serie de imágenes que recorren el tiempo) estar incompleta y no contener toda la verdad (una reflexión quizás para estos tiempos de post-verdad). Para cuando llegamos a este punto, el director Lee Unkrich (“Toy Story 3”, “Monsters Inc.”) nos ha hecho recorrer un mundo de tal creatividad, que vemos con nuevos ojos cuestiones que hemos oído o visto cientos de veces, y que atraviesan la narración en segundo plano. Entre ellas, el abandono familiar, la represión de los anhelos por conformarse a una tradición que aplasta, la demencia senil, y, por supuesto, la muerte.

Como se puede apreciar de mi modesto resumen, la película puede a primera vista no parecer el vehículo más adecuado para pasar un rato alegre y relajado en familia, que es lo que normalmente se espera de una producción de Pixar, y sin embargo … ¿Por qué tantos espectadores? Porque narra una historia que se ve tan nueva, tan distinta, tan única, que involucra al 100% nuestros sentidos, logrando así que sintamos como propias las emociones de un niño dibujado que intenta tomar control de una “vida” (la suya) que está al borde de desaparecer (literalmente) de la pantalla. Cuando por fin el niño prevalece, nuestro corazón da un brinco, porque como canta Miguel, “el amor verdadero nos une por siempre en el latido de mi corazón”.