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La Pareja dispareja (Green Book)

6 de mayo 2019

Se hace imposible no comentar la película ganadora de un Oscar para este año 2019, “Green Book”. Puede que Ud. quiera resistirse a los encantos de esta película, proclamando que es obvia, predecible, llena de clichés, y tendría razón. Pero su resistencia será inútil. Está profundamente arraigado en el ADN de ella el hacernos sentir […]

Se hace imposible no comentar la película ganadora de un Oscar para este año 2019, “Green Book”. Puede que Ud. quiera resistirse a los encantos de esta película, proclamando que es obvia, predecible, llena de clichés, y tendría razón. Pero su resistencia será inútil. Está profundamente arraigado en el ADN de ella el hacernos sentir bien, y en las inmortales palabras de Jerry Seinfeld: “No es que haya nada malo en ello”.

Es el año 1962 y Tony Lip (Viggo Mortensen) trabaja en el Copacabana, un club nocturno de Manhattan, donde sus obligaciones principales parecen ser echar a clientes recalcitrantes y servir de chofer a su jefe. Tony pertenece a la comunidad italiana del Bronx, y tiene una mujer, dos hijos y una familia extendida y gritona que lo acredita como tal. Como parte de su identidad étnica mantiene una relación distante con otros grupos raciales con quienes no tiene mayor contacto. La plácida vida de Tony se complica cuando es informado que el Copacabana cerrará por dos meses debido a una remodelación del lugar y se ve forzado a buscar un trabajo que no implique actuar de matón para otras “familias” de su comunidad. Es en ese momento que recibe la propuesta de servir de chofer para el Dr. Don Shirley (Mahershala Ali), un músico de raza negra, que está a punto de iniciar una gira musical por los estados del sur de Estados Unidos.

A partir de ahí la película gira en torno a la tensión de los polos opuestos; el blanco es subordinado, el negro es jefe; el blanco no sabe expresarse ni escribir, el negro es de una dicción y vocabulario impecable; el blanco es ignorante, el negro es culto; el blanco tiene un buen corazón y admira al negro; el negro ha sido tan herido que le cuesta reconocer un alma generosa. El entorno sureño es militantemente racista y los protagonistas se resisten formando una dupla que registra su mutua humanidad.

Debo reconocer que me sorprendió gratamente enterarme que la película es dirigida por Peter Farrelly, quien junto a su hermano Bobby ha dirigido un conjunto de comedias (“Loco por Mary”, “Una Pareja de Idiotas”, “Pase Libre”), que apelan al humor más bajo y repelente a partir de las excrecencias del cuerpo humano. Nada me preparaba para este refrescante cambio de género. La película es predecible, eso es cierto, y tiene un punto de vista que no agradará a los ayatollahs de todo lo políticamente correcto. Lo cual significa que probablemente le agradará al lector de esta columna, por ser un film que tiene un mensaje positivo que habla de que los prejuicios y diferencias culturales se superan cuando vemos el ser humano en el otro, en el próximo.

Mención aparte merece la actuación de los protagonistas, que son el verdadero sostén de una película cuya historia ha sido tantas veces contada. Ali actúa de hombre serio de este dúo cómico (sí, hay comedia en este drama), manteniendo en todo momento una compostura afilada con perfecta conciencia de lo absurdo de la situación en la que él mismo se ha puesto. ¡Qué decir de Mortensen! Estupendo como héroe de Tolkien, terrorífico como gángster ruso, convincente como padre educador de una familia alternativa, no hay nada que él no pueda hacer. En esta película con un pesado acento del Bronx, una rueda de repuesto circundando su abdomen y un cigarrillo permanentemente colgando de sus labios, es un patán y un matón, pero nunca dudamos de su autenticidad. Con su carisma y encanto se logra introducir en el corazón herido del Dr. Shirley, y de paso también en el nuestro.