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Oda a la Primavera

28 de diciembre 2017

La llegada de la primavera, según nos enseña la astronomía, se origina del hecho que las cuatro estaciones del año se encuentran determinadas precisamente por las posiciones principales de la órbita terrestre en su giro alrededor del sol, las que reciben el nombre de solsticios. En ellas el sol alcanza su mayor o menor altura […]

La llegada de la primavera, según nos enseña la astronomía, se origina del hecho que las cuatro estaciones del año se encuentran determinadas precisamente por las posiciones principales de la órbita terrestre en su giro alrededor del sol, las que reciben el nombre de solsticios. En ellas el sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo, y la duración del día o de la noche son los máximos del año; en los equinoccios, en tanto, los días y las noches tienen igual duración. De este modo, la primavera se inicia, para el hemisferio sur, entre el 22 y 23 de septiembre, terminando con el solsticio de verano, y para el hemisferio norte comienza el 20 de marzo y finaliza el 21 de junio de cada año.

Pues bien, esta estación de primavera que tantos efectos benéficos conlleva para la naturaleza – primavera, primeros verdores – así como para la humanidad misma, ha constituido desde tiempos inmemoriales una inagotable fuente de inspiración para las más diversas manifestaciones artísticas, ya sea en el ámbito de la literatura, poesía y pintura, como particularmente en el de la música selecta.

En este sentido es dable recordar que en 1999 la propia Unesco fijó como Día Mundial de la Poesía el 21 de marzo, haciendo coincidir dicha data precisamente con el equinoccio de primavera para el hemisferio norte.

Así entonces, y refiriéndonos en primer lugar al campo de la literatura y poesía universal, podríamos afirmar sin temor a equivocación que son muchos los escritores y poetas más célebres que en sus obras han hecho de la primavera uno de sus principales motivos de iluminación artística, como sucede ya en las lejanas y antiguas civilizaciones griegas y romanas. En este último caso, a partir del célebre Virgilio (año 70 AC), escritor y poeta romano, creador de las famosas “Geórgicas”, “La Eneida” y “Bucólicas”.

En razón de lo anterior, y aun pudiendo incurrir en inevitables omisiones por motivos de espacio, es que debería citarse entre tantos otros autores que han rendido homenaje en lengua española a la primavera, a nuestros premios Nobel Pablo Neruda y Gabriela Mistral, y asimismo a Gustavo Adolfo Bécquer, Rubén Darío, Antonio Machado, José Martí, Amado Nervo, Jorge Luis Borges y Octavio Paz, sin olvidar a los anglosajones William Shakespeare y Lord Byron, al alemán Johann Friederich Hölderlin y al ruso Alexander Pushkin.

Por otra parte, y en cuanto concierne a la influencia que ha ejercido la estación primaveral en el ámbito de la pintura, es del caso señalar, entre otros, al genial Sandro Botticelli (1445-1510) – cuyo nombre real era Alessandro di Mariano di Vanni Filepepi – y quien con su obra “La Primavera”, junto a sus otros cuadros igualmente famosos, ha pasado a ser considerado entre los artistas pictóricos más destacados de todos los tiempos.

De igual forma, no debería olvidarse a los impresionistas franceses Claudio Oscar Monet (1840-1926) y Alfred Sisley (1839-1899), quienes en sus cuadros titulados del mismo modo, “Huerto en Primavera”, demostraron igualmente su intensa pasión por dicha estación, también calificada como la del amor, renacimiento y renovación.

En el ámbito específico de la música selecta, es de suyo conocida la enorme influencia de las estaciones del año en las obras de los grandes compositores. Así, respecto del verano, cabe recordar la famosa suite “Sueño de una Noche de Verano”, de Félix Mendelssohn (1809-1847), en la que se incluye su popular Marcha Nupcial. En lo referente al invierno, debe señalarse al respecto el ciclo de Lieders de Franz Schubert (1797-1828), llamado “Viaje de Invierno”, y la “Sinfonía Nº1 Sueños de Invierno” de P. I. Tchaikovsky (1840- 1893); y en cuanto al otoño, existe una interesante obra del japonés Yasuo Kuwahara (1946-2003) titulada “Canción del Otoño Japonés”.

Respecto a la primavera, cabe precisar la existencia de una serie de magistrales obras musicales creadas bajo su influjo. Entre las composiciones que mejor reflejan el sentimiento de sus autores para con ella, destaca la muy famosa y además popularísima “Cuatro Estaciones” del gran Antonio Vivaldi (1678-1741), representante sin parangón del barroco italiano; la sublime “Sonata para Violín y Piano Nº5”, del excelso Ludwig van Beethoven (1770-1827), llamada precisamente “La Primavera”; la hermosa “Sinfonía Nº1 en Si Bemol” de igual denominación del romántico Robert Schumann (1810-1856); la suite “El Susurro de la Primavera” del compositor noruego Christian Sindig (1856-1941); y finalmente la composición más revolucionaria de los tiempos modernos, titulada “La Consagración de la Primavera”, del ruso Igor Stravinsky (1882-1971).

Para concluir, en nuestra opinión, todas estas obras constituyen el mayor homenaje que se le haya podido rendir a la primavera: un fenómeno de la naturaleza tan esperado y querido por todos los pueblos del mundo.

En “Las cuatro estaciones”, Antonio Vivaldi rinde
un homenaje a la primavera con un tono lúdico
y festivo.

 

Por Oscar Kolbach Correa
Abogado

Fuente: Revista del Abogado N° 71